Aunque suele asociarse con África y Medio Oriente, Colombia es el único país de América Latina que ha reconocido la existencia de esta práctica, principalmente en comunidades Emberá, donde se denomina “la curación”. Consiste en el corte o cauterización del clítoris en niñas a pocos días de nacer, realizada en un ámbito íntimo por parteras o abuelas, sin un contexto ritual de por medio.
La institucionalidad tomó conciencia pública de la ablación tras la muerte de tres bebés en Pueblo Rico, Risaralda, en 2007, aunque registros antropológicos la mencionaban desde la década de 1960. Las creencias que la han acompañado han incluido la idea de prevenir la promiscuidad o impedir que el clítoris crezca como un pene. Más allá de estas justificaciones, lo que aparece es una constante histórica: el control del cuerpo femenino.
El debate sobre su origen en Colombia ha oscilado entre considerarla una práctica ancestral, o asociarla a procesos de transferencia cultural a través de la población africana durante la Colonia. Sin embargo, la historia médica occidental abre una tercera posibilidad. En el siglo XIX, la clitoridectomía fue defendida en Europa y Estados Unidos como tratamiento para el “onanismo”, la “histeria”, la “ninfomanía” e incluso la esterilidad. La medicina de la época consideraba legítimo intervenir quirúrgicamente el cuerpo de las mujeres para “corregir” comportamientos catalogados como inapropiados.
Las teorías médicas europeas y norteamericanas fueron el referente intelectual de la medicina colombiana. Recientemente encontré en la Biblioteca Luis Ángel Arango un libro publicado en 1863 en Zipaquirá por Salvador Riera, médico cubano formado en Nueva York, quien se instaló en Colombia y documentó haber practicado el corte de los genitales externos a dos mujeres para “curar” la esterilidad. Este hallazgo no prueba una conexión directa con la práctica indígena, pero sí cuestiona las lecturas que presentan la ablación exclusivamente como no occidental.
Hoy, mujeres Emberá lideran procesos de transformación dentro de sus comunidades. Con ellas construimos el Proyecto de Ley “Niñas Sin Ablación”, del cual soy autora, una iniciativa con enfoque intercultural y pedagógico orientada a prevenir y erradicar esta práctica. Es urgente que el Senado lo agende: sólo faltan dos debates para convertirlo en ley. Porque como lo expresan las propias mujeres Emberá: si una práctica produce muerte, no es cultura.
Por: Carolina Giraldo
Politóloga e historiadora de la Facultad de Ciencias Sociales
de la Universidad de los Andes