La bióloga e investigadora Lina Pinto explora en Maraña: guerra y enfermedad en las selvas de Colombia, cómo el conflicto armado, la ciencia y una enfermedad tropical se entrelazan en territorios marcados por la violencia, revelando una faceta poco conocida de la guerra.
Faciso: ¿Cómo nació la investigación que dio origen a Maraña?
Lina Pinto: Mi formación de base es en biología y luego me formé como científica social en un campo que se llama estudios sociales de la ciencia y la tecnología. Antes de hacer mi segunda maestría y el doctorado trabajé en un centro de investigación biomédica dedicado principalmente al estudio de la leishmaniasis en Colombia.
Esa experiencia me permitió conocer de cerca la enfermedad y darme cuenta de su estrecha relación con el conflicto armado. Cuando empecé mis estudios en ciencias sociales decidí abordar ese tema y descubrí que era un campo enorme, pero muy poco documentado, lo que lo convertía en una oportunidad para una investigación doctoral.
Como prácticamente nadie había escrito sobre la relación entre leishmaniasis y conflicto armado, más allá de algunos artículos periodísticos, encontré en la etnografía una manera de aproximarme al tema: recoger las voces y experiencias de quienes viven cotidianamente estas dos problemáticas.
Esto me llevó a estar en lugares muy particulares, como una clínica militar del Ejército durante la primera fase de implementación del acuerdo de paz. Allí pude observar de cerca el tratamiento y la experiencia de los soldados con la enfermedad, algo que considero una experiencia difícil de repetir. También estuve en la sede clínica de un instituto de investigación biomédica que recluta pacientes para ensayos clínicos sobre leishmaniasis, lo que me permitió entender cómo se vive y se aborda la enfermedad en contextos rurales.
Faciso: ¿Cuánto tiempo tomó este proceso de investigación y escritura?
Lina Pinto:
Ha sido un camino de aproximadamente diez años. El trabajo de campo duró cerca de dos años, entre finales de 2016 y 2018, cuando recogí la mayor parte de los datos.
Ese periodo coincide con un momento histórico particular: la implementación temprana del acuerdo de paz. Los testimonios y experiencias que recoge el libro están profundamente marcados por ese contexto.
El libro que hoy se presenta en español es, además, la traducción de una versión publicada previamente en inglés por la editorial de la Universidad de Chicago, con el título Maraña: War and Disease in the Jungles of Colombia. Ahora aparece como una coedición entre la Universidad de los Andes y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, lo cual es muy significativo.
Faciso: ¿Por qué alguien debería leer Maraña?
Lina Pinto: En Colombia, el conflicto armado ha sido uno de los temas más investigados y sigue marcando la agenda política y académica. Sin embargo, este libro propone una entrada atípica y oblicua a ese tema.
Aquí no hablo únicamente de los actores tradicionales del conflicto (soldados, guerrilleros, paramilitares o civiles), sino también de científicos, parásitos, selva, medicamentos y de las relaciones entre humanos y no humanos.
Desde esa perspectiva, el libro permite entender una faceta poco conocida del conflicto armado y mostrar el poder corrosivo que tiene la guerra para penetrar distintos rincones de la vida social, incluso espacios aparentemente alejados de la confrontación, como los laboratorios de investigación biomédica o las políticas de salud pública.
También examina cómo elementos como el tratamiento contra la leishmaniasis pueden terminar influyendo, directa o indirectamente, en la dinámica de la guerra. Creo que esta mirada distinta ayuda a pensar aspectos poco considerados cuando hablamos de superar la violencia y construir paz.
Faciso: Desde las ciencias sociales, ¿qué conclusiones plantea el libro sobre la relación entre la leishmaniasis y el conflicto armado?
Lina Pinto: Una primera conclusión es que abordar esta problemática no implica únicamente levantar las barreras de acceso al medicamento contra la leishmaniasis. Ese es un paso necesario, pero insuficiente.
También es fundamental pensar en nuevas alternativas terapéuticas. El tratamiento que se usa actualmente en Colombia es un medicamento obsoleto y sumamente tóxico, que incluso muchos científicos que investigan la enfermedad no estarían dispuestos a aplicarse. Por eso el libro insiste en la necesidad de desarrollar terapias más seguras.
En ese sentido, la experiencia de excombatientes de las FARC que tuvieron responsabilidades médicas dentro de la organización puede aportar mucho. Ellos trataron miles de casos de leishmaniasis durante el conflicto y desarrollaron formas de manejo de la enfermedad que no siempre coinciden con las guías oficiales, pero que ofrecen conocimiento empírico valioso. Establecer diálogos entre excombatientes, científicos y funcionarios de salud pública podría generar transformaciones importantes, tanto en el tratamiento de la enfermedad como en la construcción de paz.
Una segunda conclusión tiene que ver con el estigma. Persiste la idea de que la leishmaniasis es “la enfermedad guerrillera” o “la enfermedad subversiva”. Ese discurso estigmatizante afecta a quienes padecen la enfermedad y puede dificultar su acceso al diagnóstico y al tratamiento. Por eso es necesario contrarrestarlo activamente.
En el fondo, el libro plantea una pregunta más amplia: ¿qué significa construir paz cuando pensamos en problemas como este? La invitación es a imaginar soluciones desde otras perspectivas y con otras lógicas.