Andrea Lorena Rodríguez, egresada de la Maestría en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo (MEID) y la Maestría en Planificación Urbana y Regional (MPUR) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, publicó recientemente el artículo ‘Vivir al margen y crear infraestructuras: jóvenes y espacio en una periferia de Cali, Colombia’ en la revista Entorno Geográfico de la Universidad del Valle.
A partir de su investigación, Andrea analiza cómo jóvenes de la Comuna 18 de Cali construyen bienestar colectivo, liderazgo territorial y nuevas formas de apropiación del espacio público, incluso en contextos marcados por la desigualdad urbana y la segregación socioespacial. Su trabajo pone en evidencia el potencial transformador de las juventudes en las periferias urbanas.
Faciso:
Tu artículo analiza cómo los jóvenes de la Comuna 18 de Cali construyen bienestar a partir del uso del espacio público. ¿Qué hallazgos te sorprendieron más sobre el papel que tienen los jóvenes en la transformación de sus territorios?
Andrea Lorena Rodríguez:
Uno de los hallazgos que más me sorprendió fue la capacidad de agencia que tienen los jóvenes en contextos marcados por la segregación socioespacial. Los jóvenes no se posicionan únicamente como receptores de problemáticas, sino como sujetos políticos que transforman el entorno, a pesar de vivir en condiciones de vulnerabilidad física/social, limitaciones de acceso a servicios y estigmatización por habitar esta parte de la ciudad.
En ese contexto, es llamativa la forma en que se da dicha transformación, que surge por medio de liderazgos territoriales desde expresiones artísticas, procesos comunitarios, recuperación de espacios físicos deteriorados, luchas por el derecho al agua y recientemente, gestión con la institucionalidad pública para la garantía de derechos. Con todo esto, lo interesante es la resignificación del espacio público, de modo que este se empieza a convertir en escenario de cuidado y construcción colectiva. Esto rompe con la idea tradicional de la periferia como un lugar de carencia pasiva, evidenciando que también es un territorio de acción, creatividad y resistencia.
Faciso:
En tu investigación señalas que los jóvenes no solo habitan el territorio, sino que también lo transforman. ¿Qué aprendizajes te dejaron los liderazgos juveniles que encontraste en la ladera de Cali?
Andrea Lorena Rodríguez:
Aprendí que el liderazgo de los jóvenes es humano, busca el bienestar y ese bienestar no es meramente individual o material, sino que tiende a ser colectivo y permite “ver con otros ojos” la relación que existe con el hecho de habitar y el territorio. Con estos liderazgos juveniles aprendí que el espacio público no es solo la infraestructura física, sino que el espacio tiene dimensiones sociales y simbólicas que se activan en lo cotidiano.
Otro aprendizaje es que la transformación territorial nace de acciones colectivas y situadas; los deseos de cambio social surgen de una motivación humana que está cansada de vivir en el abandono y estar al margen de un modelo de ciudad que “crece y se desarrolla” sin considerar a las poblaciones de dichos territorios. Aquí, los jóvenes líderes tienen amplio potencial porque entienden muy bien dichas lógicas territoriales y han pretendido la autogestión, y fundamentalmente, lograr una mayor participación del Estado y la institucionalidad en estos contextos.
Faciso:
En tu trabajo planteas que el bienestar para estos jóvenes es principalmente colectivo y está ligado al uso social del espacio público. ¿Cómo cambia esta mirada la forma en que pensamos el desarrollo urbano y la planificación de las ciudades?
Andrea Lorena Rodríguez:
Esta mirada transforma la forma en que se entiende el desarrollo urbano, porque cuestiona enfoques centrados únicamente en la infraestructura física y en indicadores individuales de bienestar. Al reconocer que el bienestar es colectivo y que se construye en el uso social del espacio público, se vuelve necesario pensar la planificación desde lo relacional, comunitario y cotidiano, es decir, el derecho a la ciudad. Esto implica diseñar ciudades no solo con más equipamientos, sino con condiciones que fomenten el encuentro, participación y apropiación del territorio en perspectiva social/cultural de quienes lo habitan.
Entonces, la planificación urbana, debería considerar experiencias, saberes y prácticas de los jóvenes, especialmente en contextos periféricos, entendiendo que ellos ya están produciendo formas de ciudad inclusivas, y que su reconocimiento permite pensar el desarrollo desde formas más equitativas. También sería importante incorporar perspectivas juveniles de transformación social en la agenda y las políticas urbanas.
Faciso:
Tu investigación combina planificación urbana, estudios del desarrollo y metodologías participativas con jóvenes del territorio. ¿Qué aprendizajes te dejó este proceso de investigación desde el trabajo directo con la comunidad?
Andrea Lorena Rodríguez:
Pienso que la investigación cumple su fin si se conecta con el sentir de la comunidad, y si ese sentir se puede visibilizar de alguna manera. La investigación en comunidad me deja aprendizajes importantes para la vida profesional y personal, entre ellos, sensibilidad y respeto frente al conocimiento que existe en los territorios. Investigar con los jóvenes y en los espacios construidos (huertas comunitarias, murales y parques armonizados por los jóvenes) me permitió entender que las soluciones no siempre vienen desde lo técnico, sino desde lo vivido. También reafirmé la importancia de escuchar con cuidado y construir desde el respeto, reconociendo a los jóvenes como protagonistas y no como objeto de estudio.
En todo este proceso de investigación, también le doy importancia al componente participativo y transdisciplinar el cual me facilitó una investigación cercana y humana con los jóvenes en la Comuna 18 de Cali.
Faciso:
El estudio muestra cómo los jóvenes crean ‘infraestructuras sociales’ a través del arte, la organización comunitaria o la recuperación de espacios públicos. ¿Qué implicaciones tienen estos procesos para la planificación urbana y las políticas públicas?
Andrea Lorena Rodríguez:
Estos procesos evidencian que la planificación urbana no puede seguir pensándose únicamente desde el saber técnico o institucional, sino que debe reconocer y articular realmente a las poblaciones históricamente excluidas, quienes están aportando al territorio. Los jóvenes están produciendo ciudad desde el arte, la organización y la autogestión, generando respuestas concretas a problemáticas que en ocasiones el Estado no ha logrado atender. Esto implica que desde las políticas públicas se integren dichas iniciativas y saberes como factores transversales en lo urbano.
Este tipo de procesos plantean la necesidad de avanzar hacia modelos de planificación más participativos, sensibles al contexto y sostenibles en el tiempo, donde el Estado no sustituya estos procesos, sino que los fortalezca con recursos, continuidad y soporte institucional. En contextos como la ladera de la Comuna 18 de Cali, las infraestructuras sociales no son complementarias, son esenciales para el bienestar, por lo que articularlas con la infraestructura física e institucional permitiría reducir desigualdades y caminar a ciudades más justas.
Faciso:
Como egresada de la Facultad de Ciencias Sociales, ¿de qué manera tu paso por la universidad influyó en tu mirada sobre el territorio y en la forma de hacer investigación con las comunidades?
Andrea Lorena Rodríguez:
Mi paso por Ciencias Sociales y el Cider de la Universidad de los Andes me permitió pensar los territorios con perspectiva de inclusión y también desde lógicas globales. El tema de la segregación periférica es un fenómeno común en Latinoamérica, y es interesante que en diversos puntos del continente se estén tejiendo alternativas similares que tal vez podrían conectarse y fortalecerse en una escala macro, por ejemplo, a través de políticas o alianzas internacionales. Ese componente analítico me lo brindó la Facultad, al retarme y darme herramientas teórico – metodológicas para pensar soluciones en escalas más amplias como las regionales y aportar al desarrollo desde el reconocimiento de todas las partes. Aquí las formas de gobernanza participativa resultan pertinentes para estos fines.
Además, desde la formación en las maestrías, comprendí el potencial que existe en investigar desde lo horizontal y con las personas. Entendí que la investigación no es un asunto alejado de la realidad social, por el contrario, entre más cercano y vivencial sea una investigación, más conocimiento compartido puede generar… el reto es trascender a que la investigación pueda ser un instrumento político o con alcances y soluciones tangibles para las comunidades, quienes tienen todo por aportar.
Finalmente, podría decir que “Cali también es loma”, y es posible integrar a quienes han estado por fuera del mapa, como los jóvenes de esta periferia quienes tienen capacidad para aportar a la ciudad.