Hay conocimientos que no nacen en un laboratorio ni se publican en una revista indexada. Nacen en una manzana, en una casa de igualdad, en un comedor comunitario del barrio San Cristóbal. “Cuidando en la ciudad”, el documental de Change Stories que acompaña este número del boletín, recuerda que el conocimiento útil también se teje en redes: redes de cuidado, de activismo y de diálogo entre ciudadanas e instituciones.
El documental registra la historia de las Manzanas del Cuidado de Bogotá: una política pública construida durante décadas de trabajo colectivo entre el movimiento amplio de mujeres de la ciudad y las administraciones distritales. No es una historia de arriba hacia abajo, donde el Estado diseña y la ciudadanía recibe. Es una historia de redes: organizaciones como PEPAZO en San Cristóbal llevan 45 años tejiendo comunidad desde la alfabetización hasta los comedores comunitarios; el Consejo Consultivo de Mujeres articuló esa voz colectiva con la institucionalidad; y mujeres como Patricia —que hoy acude a las manzanas porque, si no, “me quedo sola en la casa”— son a la vez beneficiarias y portadoras de un saber acumulado sobre la vida en común.
El sistema distrital del cuidado, que le da soporte jurídico a las manzanas, no llegó de la nada: fue el resultado de un proceso largo que incluyó la política pública de mujer y equidad de género, las casas de igualdad de oportunidades creadas desde 2006, y la insistencia de lideresas que aprendieron —como lo dice una de las entrevistadas en el documental— que la clave está en “construir sobre lo construido”. Un conocimiento generacional, acumulado en red.
¿Qué tiene que ver esto con las redes de colaboración académica que explora este boletín? Más de lo que parece a primera vista.
El análisis bibliométrico de la Facultad de Ciencias Sociales mostró que los vínculos más sólidos entre investigadores uniandinos y colaboradores externos nacen, en cerca del 65 % de los casos, de relaciones forjadas en la formación doctoral y sostenidas durante más de diez años. Es decir, también son redes construidas en la confianza, en el tiempo y en un propósito compartido. La diferencia entre la red de investigación y la red de cuidado no es de naturaleza, sino de escenario: ambas demuestran que el conocimiento duradero no se produce en solitario.
Change Stories propone, además, una pregunta que este boletín recoge: ¿para quién es el conocimiento que se produce en la universidad? El análisis de las redes de la Facultad revela que el 25 % de sus colaboraciones externas ya ocurre con instituciones latinoamericanas —una cifra que crece desde 2015—, y que la investigación más reciente incorpora cada vez más la voz de comunidades y organizaciones fuera de los circuitos del Norte Global. El documental pone cara y voz a esa dirección: la del conocimiento que se hace con las comunidades, y no solo sobre ellas.
Ver “La ciudad que cuida” es recordar que tejer redes no es solo una estrategia académica. Es también, como lo muestra Bogotá con sus manzanas del cuidado, una forma de hacer justicia.