Durante tres años, las profesoras María José Álvarez-Rivadulla, Adriana Hurtado y Friederike Fleischer, de la Facultad de Ciencias Sociales, junto con Olga Lucía Sarmiento, de la Facultad de Medicina, dirigieron en Bogotá el proyecto Change Stories. Se trata de una apuesta de investigación internacional financiada por la Robert Wood Johnson Foundation (RWJF), que contó además con la participación de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Belo Horizonte, y de Queen’s University, en Belfast.
A nivel general, Change Stories es un proyecto que, a través de las prácticas urbanas de tres ciudades (Bogotá, Belo Horizonte y Belfast), busca entender cómo se dan las transformaciones hacia ciudades más sostenibles y cuál es el rol de la sociedad civil en ellas. En Bogotá, el foco estuvo puesto en las Manzanas del Cuidado y en sus efectos sobre la salud de las mujeres que las usan, esto desde un enfoque no médico. Su desarrollo no solo ha permitido comprender mejor estos procesos urbanos, sino que también ha llevado a construir nuevas experiencias y enlaces invaluables para el proceso investigativo.
Uno de los actores clave en estos procesos son los financiadores, y en este caso la RWJF ha sido una institución que, en palabras del equipo de Change Stories:“promueve investigaciones orientadas a convertir la salud en un derecho, en un sentido amplio, con miras a construir una sociedad más igualitaria y centrada en el bienestar de las personas”. Ese enfoque hizo posible un proyecto pensado no como una investigación aislada sino como una red de colaboración entre países, instituciones y comunidades que fomentan diálogos y discusiones.
Construir esa red ha traído también muchos retos. Algunos de ellos relacionados con la coordinación de reuniones entre husos horarios, sostener en el tiempo los vínculos con las activistas involucradas (en particular con las lideresas del Consejo Consultivo de Mujeres de Bogotá para nuestro caso) y tender puentes entre disciplinas académicas y conocimiento comunitario construidos fuera de la academia. A esto se sumó el desafío metodológico de comparar contextos locales, lo cual implicó traducir las experiencias de cada ciudad en conceptos comparativos que permitan la producción de conocimiento.
A pesar de estas dificultades, los resultados que el equipo ha tenido son positivos y uno de sus logros más importante nos habla precisamente de redes. Change Stories consiguió construir relaciones de colaboración horizontal, tanto internacionales como locales, que permiten ver cómo los movimientos sociales no solo son capaces de transformar sus propios contextos, sino también de producir conocimiento valioso con alcance local, regional y global.
De ese trabajo además surgieron productos en múltiples formatos como videos, notas de prensa, artículos académicos y otros contenidos creativos que permiten analizar las relaciones entre el Estado, los movimientos sociales y la ciudadanía en los procesos de transformación urbana. De igual manera, otro logro ha sido la vinculación de estudiantes de pregrado y posgrado, cuyo paso por el proyecto generó dinamismo, nuevas ideas y consolidó relaciones de mentoría.
Por esto, Change Stories se consolida como un ejemplo de cómo construir y mantener redes de colaboración académica internacional, en las que además se ponen en el centro a movimientos sociales y sus integrantes. Estas redes que han tejido ya han tenido diversos efectos positivos, relacionados a intercambios académicos y un programa para estudiantes y miembros de movimientos sociales en otros países. Estos puentes además facilitan la colaboración a largo plazo y abren las puertas a nuevas investigaciones.
Finalmente, para trabajos similares a futuro, el equipo de Change Stories nos deja enseñanzas clave. Una de ellas es que incluso en proyectos con una aproximación horizontal, incluyente y “decolonial”, es necesario tener figuras de liderazgo que tengan una visión general del desarrollo del proyecto, y que mantengan fuertes las relaciones con la institución financiadora.