Las salidas de campo se han consolidado como una herramienta clave en la formación de los estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales, al permitir un acercamiento directo a las realidades del país.
A través de experiencias en territorios como La Guajira y Casanare, los estudiantes aplican conocimientos teóricos y comprenden de manera más profunda las dinámicas sociales, culturales y geográficas.
Ana Sofía Urrea, estudiante de Antropología y Biología, participante de estos viajes académicos, comparte sus reflexiones sobre el aprendizaje fuera del aula y su impacto en su proceso formativo.
Faciso:
¿Cuál fue el objetivo de los viajes académicos a La Guajira y Casanare?
Ana Sofía Urrea:
En La Guajira, el objetivo fue tener un primer acercamiento con el consejo comunitario ancestral de la comunidad negra de la vereda Lomalarga, en el corregimiento de Tomarrazón, y comprender su realidad en torno al territorio colectivo y sus aspiraciones sociales, en el marco de la construcción de su plan de etnodesarrollo.
En Casanare, el propósito fue fortalecer el área de geografía de la universidad, incentivar el interés de los estudiantes por la región de los llanos orientales y llevar al campo, y complementar, los aprendizajes adquiridos en clase.
Faciso:
¿Qué problemáticas o realidades buscaban comprender directamente en el territorio?
Ana Sofía Urrea:
En La Guajira, se buscaba entender procesos sociales marcados por el desplazamiento forzado y su impacto en la configuración del territorio y de las comunidades.
En Casanare, el interés estuvo en comprender cómo se configura la vida llanera, a partir de la relación entre los elementos físicos y humanos, y cómo estos determinan las condiciones de vida de las personas.
Faciso:
¿Cómo influyó esta experiencia fuera del aula en su proceso de aprendizaje?
Ana Sofía Urrea:
Estas experiencias permitieron aplicar metodologías de investigación cualitativa en contextos reales y evidenciaron que el aprendizaje en el aula puede quedarse corto frente a la complejidad del territorio. Además, hicieron evidente que estudiar desde un salón puede llevar a romantizar ciertas realidades, mientras que el contacto directo con las comunidades permite comprender matices, tensiones y dinámicas que no siempre son visibles desde la teoría, especialmente desde el centro del país.
Faciso:
Después de vivir estas experiencias en campo, ¿cuáles fueron las enseñanzas más importantes?
Ana Sofía Urrea:
Una de las principales enseñanzas es que el conocimiento geográfico no se construye únicamente desde el aula, sino que requiere salir, recorrer y conocer los territorios. También fue clave entender que estas salidas fortalecen los vínculos entre estudiantes y profesores, generando espacios de aprendizaje colectivo y afinidad académica. En ambos viajes, la interacción con personas que comparten intereses similares enriqueció significativamente la experiencia.
Faciso:
¿Considera que este tipo de metodologías fuera del aula son clave para su formación? ¿Por qué?
Ana Sofía Urrea:
Sí, son fundamentales. Estas metodologías permiten ampliar los conocimientos de manera práctica y conectar disciplinas como la geografía y la antropología con realidades concretas. Además, han sido determinantes para despertar un interés más profundo por el trabajo de campo y por aplicar el conocimiento en contextos reales, especialmente en colaboración con comunidades en distintas regiones del país.