Hecho por: Sara Sofía López Ferreira
El 8 de marzo suele ser un día para conmemorar los logros de las mujeres en diversas áreas, dado que es reflejo de las luchas y se presenta como una oportunidad para reflexionar acerca de los retos que aún se encuentran vigentes. En el contexto africano, la participación política de las mujeres ha presentado un notable avance en las últimas décadas, pues países como Ruanda, Senegal y Namibia han implementado políticas efectivas para aumentar la representación femenina en el parlamento. Ruanda, por ejemplo, lidera el mundo con un 61.25% de escaños ocupados por mujeres, mientras que Senegal, gracias a su Ley de Paridad Absoluta, ha alcanzado un 46.06% de representación femenina. Namibia, por su parte, ha adoptado un sistema cebra que alterna hombres y mujeres en las listas electorales, logrando una representación del 44.23% (The Global Economy, 2023).
Sin embargo, estos avances cohabitan con profundas desigualdades y barreras estructurales que dificultan el acceso de las mujeres a cargos de liderazgo. Aunque países como Sierra Leona han aprobado leyes para garantizar que al menos el 30% de los cargos gubernamentales sean ocupados por mujeres, la violencia de género, los estereotipos machistas y la falta de apoyo económico siguen siendo obstáculos latentes. A pesar de lo anterior, África ha visto ejemplos inspiradores de liderazgo femenino, como Ellen Johnson Sirleaf, la primera mujer presidenta de un país africano en Liberia.
Este texto tiene la intención de examinar el rol de las mujeres en la política africana partiendo de una noción dual: el progreso alcanzado como consecuencia de las cuotas de género y reformas institucionales, y los desafíos estructurales que aún persisten. Si bien, los gobiernos africanos han demostrado avances en la inclusión de mujeres en la política, la pregunta sigue abierta: ¿realmente esta participación significa un cambio real en las estructuras de poder y en políticas que respondan a las necesidades de las mujeres?
El hecho de hallar la presencia de mujeres en puestos políticos no asegura un cambio en las configuraciones patriarcales que se han establecido. Una medida que se alinea con la transformación radica en la forma en la que esta representación se convierte en políticas públicas eficaces que dan respuesta a las problemáticas de género, tales como: el acceso a la educación, la reducción de la brecha salarial y la abolición de la violencia contra las mujeres. En diversas situaciones, las mujeres políticas encaran resistencia, proveniente de sus propios partidos como en la opinión pública, hecho que reduce su agencia para desarrollar agendas transformadoras.
Igualmente, el liderazgo encabezado por mujeres dentro de este ejercicio político ha mostrado que la incorporación de cuotas y leyes de paridad son tan solo la primera puerta al cambio. Es crucial respaldar estas medidas con procesos de apoyo, formación y protección para confirmar que las mujeres en el poder cuenten con las herramientas suficientes para actuar de manera significativa. El reto no se encuentra en que haya más mujeres en la política, sino que su rol y participación redefina la práctica del poder en sociedades donde, históricamente la toma de decisiones ha estado pautada y liderada por los hombres.
En este 8 de marzo, fuera de celebrar el progreso en términos de representación política, resulta imprescindible continuar cuestionando y analizando cuáles son las condiciones requeridas para que esta participación no sea únicamente simbólica, sino que lleve al cambio estructural y perdurable para las mujeres en África y en cada rincón del mundo.
Referencias
- TheGlobalEconomy.com. (2023). Mujeres en el parlamento en África.