HECHO POR: VERÓNICA HERRERA COLMENARES
¿Cuánto le debo por su hijo?
Colombia ha sido escenario de periodos escalofriantes de violencia con suficientes muertos como para llenar siete veces el estadio más grande del mundo. En 2016 el Acuerdo de Paz se consolidó con una promesa ambiciosa: responderles a las víctimas. Justicia transicional, víctimas en el centro, verdad, reparación, garantías de no repetición. Un modelo tan ejemplar que incluso le valió al expresidente Santos un Premio Nobel de Paz.
Y gracias a todo eso, hoy Colombia es un país sin violencia, con justicia transparente y una sociedad reconciliada.
Bueno….
La paz perfecta es una ilusión y la justicia absoluta, un objetivo casi imposible. Juzgar los acuerdos desde esa expectativa sería ingenuo. Pero eso no significa que no podamos señalar sus fallas.
Para hacerlo, hay que empezar por la ley que le dio vida: la Ley 1448 de 2011. Según esta, son víctimas quienes hayan sufrido daños a sus derechos por hechos ocurridos desde el 1 de enero de 1985. También son víctimas sus familias; miembros de la Fuerza Pública que en su deber sufran vulneraciones a sus derechos; menores reclutados ilícitamente; quienes sufrieron daños al intentar asistir a una víctima o prevenir una agresión; y el cónyuge o familiares cercanos de miembros de grupos armados cuando ellos mismos resultaron afectados. Los combatientes no cuentan como víctimas, salvo si fueron reclutados siendo menores.
Con esta delimitación, la reparación incluye una indemnización económica. No es un apoyo, es, al menos en teoría, una forma de compensar el daño.
Pero, aunque a veces pretendemos la capacidad fiscal de Suiza, no la tenemos. El proceso debe ser financieramente sostenible, lo que complica estas retribuciones. Idealmente estos son los montos base:

El Estado colombiano lidia con varios gastos, cada año tenemos nuevas y costosas promesas políticas. Además, el acceso a los canales de reparación es complejo para ciertos sectores, y súmele todo el lio de restitución de tierras. Este pago es un tramite largo y complejo.
Sin embargo, la ley no se limita a lo económico sino pretende ser integral: verdad, dignidad y memoria. “El Gobierno Nacional,(…) deberá realizar las acciones tendientes a restablecer la dignidad de la víctima y difundir la verdad sobre lo sucedido”
Hablarle al Estado es pertinente, pero es fácil, nos desliga del problema. Pero conocer la verdad también exige algo de nosotros. RTVC dedicó horas a documentar testimonios del conflicto. La Comisión de la Verdad produjo miles de páginas de informes. Sin embargo, no temo equivocarme al decir que la mayoría vimos más del reality de turno que los espacios dedicados a escuchar a las víctimas.
No juzgo el ocio. Todos lo necesitamos, pero a veces olvidamos que esta no es una historia de ficción. Nuestro realismo mágico es tan real que se llevó a mas de 750 mil personas en apenas tres décadas.
La ley también prometió memoria material. Monumentos, archivos y un Museo de la Memoria destinado a fortalecer la memoria colectiva sobre la violencia reciente.
¡Claro! ese edificio en Bogotá cerca del cruce con la Avenida El dorado. Si no lo ubica, son esas ruinas con interior hueco y puntas triangulares. Una obra de $64.281 millones, con irregularidades cercanas a $13.000 millones (Infobae, 2024) y cuya entrega prometió el gobierno Duque para agosto de 2022 (El País, 2021).
Pagarles a las víctimas es necesario. Es un deber del Estado. Pero no es lo único.
Cada vez que la historia se olvida la herida sigue abierta. Nunca devolverán a una madre su hijo, a una familia su hermano, ni borrarán las marcas de una violación o de un desplazamiento. Lo mínimo sería no relegar esas historias a un momento incómodo en una presentación oficial, donde todos se conmueven unos minutos y luego pasan a lo siguiente. La verdad no es una formalidad, es un mecanismo de reparación crucial y valioso.
No solo se llora por el duelo sino por lo que sigue pasando, basta con prender las noticias un rato para escuchar alguna tragedia a causa del conflicto armado ¿Donde quedan las garantías de no repetición cuando todo se repite frente a tus ojos?
Dicho esto, no quiero dejar un mensaje de odio hacia la negociación. Quizá hoy es lo mejor que tenemos. Desde entidades como la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) o la Jurisdicción Especial para la paz (JEP) hay datos alentadores: imputaciones a máximos responsables, comparecencia de miembros de la Fuerza Pública y terceros, y miles de víctimas representadas en los procesos.
Cerca de 600.000 víctimas han sido indemnizadas, con una inversión de $4,6 billones, y alrededor del 86 % de los firmantes sigue vinculado al proceso de reincorporación (Bedoya, 2024). Y algo igual de importante: la posibilidad de revelar la verdad. Hay cosas que se están haciendo bien.
Pero incluso con la indemnización, aparece otra pregunta: ¿qué significa esa indemnización en territorios donde siguen faltando educación, vivienda digna o servicios básicos?
Una madre cabeza de familia que perdió a uno de sus hijos, recibe los 40SMLV. Primero, debe pensar en lo básico, dónde vivir, como alimentarse. Pero la vida sigue con sus gastos.. educación, transporte, salud. Si algo queda de ello quizás logre montar una tienda, comprar gallinas, encontrar una manera de subsistir. Pero en zonas como el Choco, la respuesta a la pregunta que titula esta columna se va desdibujando. No es cuánto le debo, sino para qué le alcanza. Porque esa plata no reconstruye un proyecto de vida: apenas compra tiempo. Tiempo para comer, para sostenerse, para seguir en el mismo lugar, con las mismas condiciones que hicieron posible la violencia en primer lugar. Esa es la trampa. No la del monto, sino la de un país donde todo cuesta más cuando menos hay. Donde la reparación llega, pero el contexto no cambia. Porque al final, no es que la plata no sirva. Es que en Colombia, para muchos, incluso millones de pesos terminan invertidos en un no futuro.
El daño no se va a deshacer. Tampoco parece resolverse solo con más fuerza militar. La negociación no excluye la seguridad, pero para influir en los territorios el Estado debe hacer presencia integral.
También hay un papel para todos. Para empezar, los prejuicios. Volvemos fácilmente a la visión telenovelesca de Colombia: héroes y villanos. Esa simplificación borra los matices, historias y personas atrapadas en su contexto. Antes de juzgar con tanta certeza, tal vez convenga recordar que la guerra no se vive igual desde lejos que desde adentro. Y en medio de ese caos, quienes menos poder tuvieron sobre lo que ocurría suelen ser quienes cargan con las consecuencias más duras.
Aislar y estigmatizar rara vez repara a nadie. Tal vez es más útil construir un país con más personas estudiando, trabajando y produciendo que uno dedicado a señalar culpables eternos. Lo reparador sería cumplir la promesa integral de la ley: verdad, memoria y oportunidades. Recordar quiénes eran el centro de todo esto: las víctimas. Informarnos más y odiar menos.
Porque cada vez que degradamos al otro por temas como la política, cada vez que justificamos la violencia o celebramos el desprecio, también alimentamos el mismo conflicto que decimos condenar.
Tal vez el primer paso sea más simple: escuchar una historia, leer un testimonio, conocer lo que ya está documentado. Y luego exigir que lo pactado se cumpla.
Puede que sea más útil hacer bien lo que ya existe que empezar de cero cada vez que cambia el gobierno.
Ser críticos no es ser violentos.
Y promover la verdad es, quizá, el único monumento que la corrupción no puede robar.
REFERENCIAS
Agencia para la Reincorporación y la Normalización. (2023). Informe firmantes de paz 2023. https://www.reincorporacion.gov.co
Bedoya Ramírez, J. F. (2024, julio 10). Excombatientes en Colombia 2024. El Colombiano. https://www.elcolombiano.com/colombia/excombatientes-en-colombia-2024-AB25245036
Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. (2022). Informe final de la Comisión de la Verdad. https://www.comisiondelaverdad.co
Congreso de la República de Colombia. (2011). Ley 1448 de 2011. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=43043
Consejería Presidencial para la Estabilización y la Consolidación. (s.f.). VISOR MITI – Datos para la paz. https://datospaz.gov.co
El País. (2021). Museo de la memoria histórica estará listo antes del 7 de agosto de 2022: Duque.
https://www.elpais.com.co/colombia/museo-de-la-memoria-historica-estara-listo-antes-del-7-de-agosto-de-2022-duque.html
Rodríguez Rey, S. (2024, enero 12). Museo de Memoria: Contraloría encontró millonarias irregularidades. Infobae. https://www.infobae.com/colombia/2024/01/12/museo-de-memoria-contraloria-encontro-millonarias-irregularidades/
Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. (s.f.). Indemnización administrativa. https://www.unidadvictimas.gov.co/indemnizacion/
Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. (2024). Informe de gestión. https://www.unidadvictimas.gov.co
Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. (2024). Rendición de cuentas. https://www.unidadvictimas.gov.co
Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. (2025). Ejecución agregada y desagregada del presupuesto al 30 de noviembre de 2025. https://www.unidadvictimas.gov.co/documentos_bibliotec/ejecucion-agregada-y-desagregada-presupuesto-30-de-noviembre-2025/